El Monte Takao o Como las abuelas subían más frescas que yo

Querido Diario, soy yo, la Intrépida Arqueóloga que sigue cumpliendo (en medida de lo posibe) con sus encargos.

Antes que nada, permiteme hacer una presentación: Estos son Javi (a la izquierda, de azul) y Jesús (de morado).

A Javi le conocí el primer día en la escuela, a Jesús tardé un poco más. Desde entonces hemos estado juntos en numerosas aventuras niponas. Son mis mejores amigos y la verdad es que, en tan poquito tiempo, les he cogido mucho cariño.


Una vez echas las presentaciones, continúo con mi relato.

Antes de que se acabase el verano decidimos hacer una pequeña excursión a un monte cerca de Tokyo. El Monte Takao (高尾山) para ser más concretos.


Me cambio de familia

Querido diario, soy yo, la Intrépida Arqueóloga:

No, no me equivoqué de título. En agosto me cambié por unos días de familia, igual que el programa de televisión pero sin chonis... fachas... y demás fauna autócnota.

Dos veces al año en mi escuela hacen un sorteo de un Homestay. ¿Y qué es eso? Pues un Homestay consiste en quedarse durante unos días en una casa con una auténtica familia japonesa. Cuando anunciaron que se abría el plazo de inscripción fui corriendo y tuve la suerte de ganar el sorteo porque sólo podían
ir cuatro personas: dos chicos y dos chicas.



El viernes por la mañana tempranito, con mi maletita hecha, me fui a la estación del Shinkansen, el tren bala japonés, una especie de AVE (pero un poco más lento, jajaja).