Mi primer viaje a Kamakura

Querido Diario, soy yo, La Intrépida Arqueóloga:

Ya acabó la Golden Week y he tenido que volver a clase. La vuelta se ha hecho durilla... ¡hasta había olvidado a que hora me despertaba! Otra vez los deberes, los repasos de kanjis y esas cosas de escolar. Menos mal que siempre es agradable volver a ver a tus amiguitos tal y como decía la canción de propaganda de la Vuelta al Cole del Corte Inglés:

Volver a empezar 
otra vez.
Volver a estrenar 
zapatos y libros.
Volver a encontra
tus viejos amigos.
Y juntos volver
a empezar. 

(Ale, ya teneis todos la cancioncilla pegada para el resto del día)

Bien, a lo que iba. Para acabar la Golden Week con buen sabor de boca, el último día hice una visita con mis amigos V y Y-san y otro matrimonio amigo suyo a la ciudad de Kamakura, a un par de horas cosa así de Tokyo.





El domingo comenzó prontito para mí. El día antes había quedado con V y su mujer (Y-san) en la estación de su casa a las 9:40. Como me daba miedo quedarme dormida, esa noche dormí un poco mal (de hecho a las 4 ya tenía los ojos como platos) y al final llegué media hora antes. 


A la hora establecida llegaron mis amigos y cogimos el tren que nos llevaría a Kamakura. El viaje duró una hora y pico y cuando llegamos ya estaban esperándonos. Ella estudió hace mucho para ser guía turística pero se le habían olvidado muchas cosas, aún así, llevó su libro de historia lleno de notas "para recibirme y enseñarme bien la ciudad".



Kamakura es una ciudad costera situada al suroeste de Tokyo. Es famosa por tener más de 100 templos y santuarios. En esta ciudad, en el año 1180, se originó el "Bakufú" osea, el sistema feudal controlado por la casta militar de los samurais. Fue en esta época cuando se edificaron muchos de los templos que ahora son el mayor atractivo turistico de la ciudad. En origen la ciudad estaba edificada en una zona protegida por colinas y con salida al mar, ahora es mucho más antiguas pero esta defensa natural puede verse desde el primer templo que visitamos: el Hachimangu. 

Llegamos al templo caminando por la entrada tradicional, un paseo de losas de piedra con cientos de cerezos y adelfas que comienza con una Puerta Tori blanca en la playa y que va, en linea recta, hasta el templo pasando por otras dos puertas rojas. Este camino, según me explicó Yayoi, sive para purificarse la mente. Además, el constructor de este camino quería que desde el mar pudiese verse la perspectiva como si fuese un grabado así que lo contruyó forzando ese efecto óptico, usando un ancho de 8 pasos al inicio, 6 en la segunda puerta y 4 en la última.

El templo es una preciosidad pero claro, como todo aquí, estaba lleno de gente. Tiene una enorme explanada que se usa en los festivales religiosos (dos veces al año hay una competición de tiro con arco a caballo que al parecer es digna de ver). En esa explanada hay varias pequeñas contrucciones. En la central había una ceremonia de boda. Estaba acabando pero pudimos ver a la novia (con un poco de cara de asco) y al novio con los kimonos de boda. A las madres con sus kimonos negros llenos de dibujos dorados, al los sacerdotes y a los músicos... muy bonito. 





También aproveché para devolver el amuleto que me dió un amigo de Coruña. Cuando compras uno de estos amuletos lo hacer para un determinado momento, por ejemplo, él lo compró para aprobar la universidad. Cuando ya se ha cumplido ese deseo hay que devolverlo al templo y, el 30 de junio, los queman todos. También hay amuletos anuales (como el de la salud que me compré) en ese caso se renueva en la primera visita del año al templo. 



Después de dar una vuelta por la plaza del templo toco ir a visitar al Dios: ese templo está dedicado al Dios de la Guerra. Pero antes también hay que purificarse. En los santuarios shintoistas te purificas con agua. Había una fuente con varios cacitos de metal. Yayoi me enseñó como hacerlo: Primero coges el cacito con la derecha y lo llenas de agua. Con ese agua primero lavas la mano izquierda, después la derecha, luego con la izquierda de nuevo te enjuagas la boca y al final, con el agua que queda en el cacito, limpias el mango de madera del mismo. Un poco lioso ¿verdad?
El templo estaba a lo alto de una escalera. La escalera estaba flanqueada por un ginko enorme desde el cual, según se cuenta, se escondió un arquero a caballo para matar al tercer shogun (señor feudal) de Kamakura. Desgraciadamente, un tifón lo tiró hace unos años y ahora sólo queda un tocón, de tamaño descomunal, pero un tocón. Me dijeron que no estaba muerto así que puede que vuelva a tener hojitas algún día.




En el templo volví a rezar al dios como me había enseñado la señora del kimono verde en Sensho-ji: una moneda, dos palmadas y las reverencias pertinentes.
 

A la salida estaban las sacerdotisas vendiendo amuletos de la suerte. Compré un amuleto para la salud y la felicidad, que viene en una bolsita de tela de color verde clarito. 


También leí mi fortuna. Para ello tenías que agitar un bote lleno de palitos hasta que salía uno con un número (23) Entonces la señora te daba un papel de arroz con tu fortuna escrita para este año. Estaba en japonés así que entre Yayoi y Yuko me ayudaron a traducirlo. El papel venía titulado con un "poca suerte pero buena". Me decía cosas como que no me precipitase si quería mudarme. Que este año no me iba a casar pero que aparecerían cosas buenas mientras esperaba. Que no fuese tan indecisa a la hora de elegir novio porque dejaría pasar a la persona ideal. También me decía que iba a tener mucha suerte en los estudios de un idioma extrangero y que no iba a tener ninguna enfermedad. Vamos, que para ser poca suerte, yo la veo muy buena. Estos papeles, si la suerte sale mala, puedes dejarlos atados allí y así dejar atrás la mala suerte pero me dijeron que el mío podía llevarlo siempre conmigo. 







También había muchos barriles de sake (creo recordar que cada uno contenía 74 litros de licor)


Y las famosas tablillas con deseos. En este caso tenían un caballo en la parte de atrás. Esto tiene mucho sentido: antes se ofrecían caballos de verdad al templo. Las tablillas son mucho más baratas que un caballo.




Ese mismo templo tenía un lago lleno de lotos e islas artificiales. Al ser un templo dedicado al Dios de la Guerra, a la izquierda tenía 4 islas. El cuatro se dice Shi en japonés y aunque tiene distinta letra china, se pronuncia igual que muerte. Es un número de la mala suerte. En la parte derecha hay 3 islas. El número tres (san) simboliza fertilidad de las tierras y prosperidad. La parte izquierda del parque está dedicado a la familia enemiga del Shogunato de Kamakura (a la que desean la muerte) mientras que la derecha está dedicada a la familia Miyamoto (la del señor feudal constructor del santuario)


Depués de ver este santuario cogimos el metro y nos fuimos a otra parte de la ciudad. Para ir a la estación recorrimos la calle comercial. Estaba llena de tiendas de un montón de cosas, tanto modernas como antiguas. Había tiendas de colgantes de móvil, de incienso, de palillos, de grabados, de telas, de postales y guías turísticas, y sobretodo de cosas de comer. En una de esas tiendas comimos nosotros: soba. La soba son unos fideos de color oscuro que se toman tanto calientes como fríos. A mi me los pidieron frios con tempura. Te los traen en un platito con una esterilla debajo y un bol con una salsa en el que tienes que meter un poco de gengibre rallado, cebollino y wasabi. Se cogen unos pocos fideos, se mojan en esa salsa y se sorben. Hay que hacer ruido al sorber pero a mí no me salía, cosa que a mis acompañantes les hacía mucha gracia.


También probé el umeboshi. Una ciruela encurtida y seca. Se supone que esta que probé era dulce, al menos eso pocia en el paquete porque en realidad estaba muy salado. Los japoneses con los que viajé me decían que no era salado pero a mí me parecía como si se hubiese curado en sal un orejón.



El metro que cogimos es uno de los más antiguos de Tokio (de los años 20 creo que entendí) Iba por un camino muy estrecho pegado a las casas. Daba la sensación de que iba a decir "Próxima estación: el salón de la casa de los Yamada"




El siguiente templo que visitamos era el de Kotoku. Este es un templo budista y, aúnque también tiene el sistema de purificarse a través del agua, en estos templos son muy comunes los quemadores de incienso. El humo hay que atraérselo primero al cuerpo, luego a la cara y luego a la cabeza para así garantizar el no tener ninguna enfermedad.


Lo más llamativo de este templo es el enorme Buda de bronce (que de hecho se llama Daibutsu: Dai - Grande Butsu - Buda). 9 metros y pico (no me acuerdo del pico) de estatua representando a Buda meditando sentado. En un principio era de madera pero se quemó. También tenía un templo pero un tsunami se lo llevó por delante. Ahora está sólo el buda. La verdad es que impresiona. No se parece en nada a las estatuas de Cristo donde aparece moribundo (cuando no muerto), sufriendo o juzgando de manera bastante cruel (los medievales, por ejemplo) Buda siempre está tranquilo, en paz, incluso feliz. Eso es lo que demostraba su cara.


Después fuimos a otro Santuario shintoista, el de Hasedera, dedicado a Kannon (la diosa de la Misericordia) Este templo tenía un jardín precioso con un montón de especies muy raras de flores que protegían con una sombrillita de papel. Era un sitio muy bonito que, al estar contruido en la ladera de una montaña hacía que, desde arriba, tuviese una vistas preciosas de Kamakura y la playa. Además, toda la ladera estaba llena de hortensias. Aún no había flores pero podeis imaginar lo bonito que está en verano.



En este santuario también había varios edificios. Por ejemplo, en uno tenían una campana de bronce que sólo se toca en Año Nuevo, 108 veces (menos mal que aquí no comen uvas ¿verdad?)


O un edificio con una especie de estantería redonda puesta sobre un molino de tracción. La estatería estaba llena de escritos sagrados y de oraciones. La gente que no sabía leer, con sólo empujar el molino de tracción, hacía que las oraciones fuesen recitadas. 

Otra tradición de este santuario: Había una cesta con guijarros y un libro. En cada página del libro había un kanji. Todos los kanjis forman una oración. Había que coger una piedra y escribir el kanji que aparecise en el libro, poner la piedra en otra cesta y pasar la página del libro para la siguiente persona. Así, guijarro a guijarro, se escribe la oración entera.

En este santuario también había una cueva en la que había muchas tallas de diferentes dioses, como el de los estudios, el del dinero, el de la seguridad en los viajes, del sake... Cada uno tenía su representación y sus atributos así que, entre eso y que algunos kanjis me los conocía, pude ir sacando quienes eran.



En una cafetería que había en el santuario, con vistas a un jardín de juncos que se movían con el aire, tomamos un té antes de proseguir con nuestro camino.






Después de este último santuario fuimos dando un paseo hasta la playa. Hacía mucho viento y las nubes empezaban a ser completamente negras... ¡que miedito! El mar estaba bastante picado y estaba lleno de surfistas.


Dejamos el mar y fuimos hasta una estación de tren a coger un monorail. Al contrario que otros monorailes, este tiene el rail en la parte superior así que va suspendido por encima de los coche. Lo primero que me preguntaron mis amigos cuando me vieron por la mañana es que si llevaba paraguas. ¡Claro que llevaba! He vivido en Galicia 4 años, y el paraguas va pegado a mi persona. La verdad es que decía que iba a llover pero no nos calló ni una gota, sólo cuando estuvimos en el monorrail. Tuvimos mucha suerte ¿verdad?

El monorrail nos llevó hasta Ofuna, una parte más moderna. Allí habían reservado una mesa en un Izakaya, un bar típico japonés, para cenar.

De la cena sólo puedo decir una cosa: Increble. Todos los menús estaban en japonés y a mí sólo me preguntaron si podía comer de todo. Pidieron:

Un plato de sashimi precioso con lenguado, atún, gambas, calamar y dos pescados que no se traducir.




Varias cosas a la plancha: pollo, alitas, hígado de algo (creo), verduras (puerro y pimientos que parecían los de padrón, de hecho a veces pican y otras no) y piel de pollo (si, aquí se come la piel hecha a la plancha).
 

Aleta de raya a la plancha (estaba dura pero increiblemente buena)
 

Almejas al vapor con sake.
 

Sushi y makis de cosas que no recuerdo.
 

Depués nos pusieron helado de sésamo negro y de leche con polvo de soja y salsa de azucar (un postre tradicional japonés) y un vaso inmenso de té verde.
 


Y todo ello regado con varios sakes de distintas regiones y con distintos nombres que, por desgracia, he olvidado por completo. ¡Pero todos riquísimos!

Al final de la velada, me regalaron un pañuelo precioso, blanco con hojas de loto en verde. Lo que agradecí al más puro estilo japonés.



Y con estas volvimos en el metro hasta casa.

Durante todo el viaje mis amigos hablaron muy poco en español. Me ha sorprendido mucho (muchísimo) la cantidad de cosas que entiendo y que puedo decir. Al principio me hablaban muy despacio pero al final hablaban a su ritmo. 


La verdad es que me lo pasé muy bien. Me dió la sensación de que estaba con gente que conocía de hace mucho tiempo y, aunque la diferencia de edad es enorme, sentí estar con amigos. Se pasaron todo el viaje gritando mi nombre para enseñarme cosas o para que hiciese fotos desde algún sitio. También insistieron mucho en que fuese en verano a ver un festival de fuegos artificiales enorme que hacen en la playa, con yukata, por supuesto. Según me lo contaban me acordé de San Juan. Pero por desgracia estoy en España.



Pero la entrada se titula "Mi primer viaje a Kamakura" porque definitibamente voy a volver.

Una foto guiri para el recuerdo (salgo bastante mal...)


Pero ya se acabó la Golden Week... La semana que viene tenemos el exámen de medio trimestre en la escuela. ¡Medio trimestre ya! A ver que tal me sale. ¿Funcionarán los amuletos? El dios de la Guerra me da salud y felicidad y la diosa de la Misericordia... ¡¡suerte en los estudios!! (que contrariedad)

 La entrada ha sido un poco larga, espero que mereciese la pena...

今日は何?Mis niños han sacado un nuevo single. Aquí ponen musica en todas partes (incluida la megafonía de las calles comerciales de barrio) así que estoy escuchando esta canción en todas partes. 
A veces soy incapaz de creer que esté aquí, la verdad...

5 comentarios:

  1. A mí lo que me parece increíble es que puedas controlarte y no romper a bailar en cada sitio que suena esta canción XD

    NOTA MENTAL: Alto, no ha dicho que no lo haga...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Yo no bailo... ni me pongo minifaldas llenas de tul y puntillas. (; ¬ ¬)

      Eliminar
    2. No no lo haces... o quizás te tapas los ojos y entonces como está oscuro... mmmm

      Eliminar
  2. waaaaaaaaaaw kamakura tiene que ser precioso!!!!! Y más con guía, con que sea la mitad de entregado que el que tuviste ya tiene que ser la bomba ¡¡Suertuda!!
    Si dicen que esa es poca pero buena fortuna... ¿Cómo deben ser las tarjetas de buena fortuna?

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No tengo ni idea de como serán pero yo no voy a tentar a la suerte y hasta el año que viene no cogeré otra.

      Eliminar